“La gran apuesta”, el híbrido perfecto

Pocas veces han reído tanto en un cine y pocas veces han visto algo con escenas tan creativas, tan originales y tan novedosas como esta película de Adam McKay. Obviamente, la cinta ha llamado la atención pues tiene nada más y nada menos que a Steve Carell, Ryan Gosling, Christian Bale y a Brad Pitt como parte del reparto principal. Pero el público debe saber que esta no es una historia acerca de la vida de los personajes que ellos interpretan, sino la historia de cómo su genialidad, o en otros su astucia, les permite cargarse al sistema a pesar de que el sistema lo trate de impedir.

¿A qué me refiero con “el sistema”? muy fácil, el sistema es el gobierno, es la economía, es la sociedad, la opinión pública. El sistema es el ente político-económico-social-cultural que se encarga de controlar el mundo o por lo menos de establecer el comportamiento que el mundo debe tener. Y ellos se lo cargan, lo mastican, lo escupen, lo hacen añicos y al final lo dejan ir.

Cuatro habitantes en el mundo de las altas finanzas predicen el colapso económico de mediados de la década de 2000 y deciden enfrentarse a los grandes bancos por su codicia y falta de visión. Estos cuatro habitantes son: Jared Vennett (Ryan Gosling), Michael Burry (Christian Bale), Mark Baum (Steve Carell) y Ben Rickert (Brad Pitt). Cada uno de estos cuatro contará un punto de vista diferente sobre la misma historia, pero en realidad son 6, pues la estrategia de mercadeo de la película decidió obviar a dos personajes importantísimos: Charlie Geller (John Magaro) y Jamie Shipley (Finn Wittrock). Ellos son mucho más importantes que el personaje de Brad Pitt, quien es solo un mentor de estos, son los verdaderos protagonistas de esta parte de la historia. ¡Este es el único fallo de la película y ni siquiera es de la película sino de su publicidad!

No hace falta profundizar en las actuaciones porque todos sabemos de lo que estos grandes son capaces, todos hacen un excelente trabajo (incluso los dos jóvenes ignorados por la publicidad). Lo que es en verdad destacable en esta película es el magnífico guion de Adam McKay (Ant-Man) y Charles Randolph (La interprete), y su excelente dirección también de Adam McKay. Ambas van de la mano de una manera grandiosa pero es el guion el que gana la carrera (y posiblemente un Oscar), porque es una sátira perfecta del mundo de las finanzas, tiene personajes muy detallados, diálogos más que divertidísimos y un mensaje final agridulce y emotivo.

Hace bastante tiempo los híbridos aparecieron en el cine y con híbridos me refiero a géneros mezclados como ¿Qué paso ayer? (Acción-Comedia) o Crepúsculo (Terror-Romance-Acción), muchas de estas mezclas no terminaban de calar porque no estaban del todo amalgamadas, pero en esta década los cineastas han encontrado la forma de mezclar géneros de manera perfecta. Ejemplos de esto son: El lobo de Wall Street (Biografía-Comedia-Crimen), Kingsman (Acción-Aventura-Comedia), y ahora, La gran apuesta (Biografía-Comedia-Drama). Y es que la gran apuesta está diseñada para que, a pesar de que no entiendas la mitad de los asuntos económicos que trata, te rías de ello (y a carcajadas), pero no una risa sin sentido, sino una risa que, como el verdadero buen humor, busca dejar una reflexión justo después de reír.

Clasificación: 5/5, debes verla antes de morir.

César Noguera

Instagram: @criticoretirado

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