Un imaginario para la posteridad

Un anciano y su joven hija, acompañados por un mozo y un enano, recorren las calles de Londres ofreciendo a los transeúntes un número circense que exuda decadencia. En una ciudad moderna, el anticuado escenario y vestuario de los artistas ahuyenta a los espectadores en lugar de atraerlos. Sólo unos pocos se acercan, más para burlarse que para disfrutar del espectáculo, y son estos los que conocen, por ventura o desgracia, la mente del doctor Parnassus y por ende los delirios de su propia imaginación.

El viaje al imaginario siempre culmina cuando, una disyuntiva obliga al que imagina a decidir entre el trabajo y el sacrificio y el placer y la vanidad. De acuerdo a esta elección, se eleva el marcador de almas seducidas por el doctor Parnassus o por su acérrimo adversario, el demonio, según sea el caso.

Este juego data de un pasado remoto en el que el hombre ganó su inmortalidad, pasando por una nueva apuesta que le concedió juventud y el amor de una mujer. En la actualidad, Mr. Nick reaparece para llevarse a la hija de Parnassus como parte de este último acuerdo. Sin embargo, le propone al doctor una nueva apuesta para liberar el alma de Valentina, el primero en cautivar cinco almas antes de que la joven cumpla dieciséis años será el ganador. Para completar la escena aparece fortuitamente Tony, quien se une al circo itinerante aparentemente para ayudar.

Puesto sobre el tapete el argumento de esta historia, se puede decir que el primer punto a favor de Terry Gilliam (“Twelve Monkeys”, 1995), es la selección del reparto original de la película, así como, la apariencia y naturaleza de cada personaje.

El doctor Parnassus, Cristopher Plummer, transmite cansancio y cierta amargura, mientras que, Tom Waits, trae a la pantalla una representación del demonio llena de sarcasmo y frescura. Esta contradicción refleja, el resultado de una lucha casi eterna en la que el mal ha resultado vencedor, he ahí su semblante festivo frente al desgaste del hombre.

Bajo el ala del doctor Parnassus se encuentra Valentina, Lily Cole, quien además de poseer un rostro muy particular que encaja bien con su personaje, pudo demostrar de cierta forma sus dotes actorales. La acompañan Anton, Andrew Garfield, y Percy, Verne Troyer, quienes se encargan de darle a la historia un toque de comicidad y un tanto de ironía. Este último además, refuerza dada sus características físicas, la idea de que se está frente a un grupo de artistas de circo.

Por último, este primer elenco se completaba con la presencia del ya consagrado Heath Ledger como Tony, un hombre lleno de artimañas y trucos, pero que juega a favor del doctor y su hija. Sin embargo, el rodaje de la película se ve truncado por la inesperada muerte de Ledger en enero de 2008 y es por ello, que el director adapta la historia para que el personaje cambie su apariencia cada vez que pasa por el espejo y así, resuelve a nivel de guión la ausencia de Ledger.

Para sustituir al actor en cada uno de sus viajes dentro del imaginario, el director escogió a Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell, todos amigos del intérprete. Cabe decir que en el caso de Depp y Law la decisión fue más que acertada, ya que las actuaciones, así como la fisonomía y hasta el tono de voz de ambos se asemejan a los de Heath Ledger, por lo que el cambio, aunque notable no representa un contraste brusco para el espectador. Por el contrario, la presencia de Farrell rompe un poco con la armonía creada por el trabajo de los otros dos actores, sin embargo, por tratarse de una historia fantástica es posible situarlo, aunque con un poco más de esfuerzo, dentro del contexto y del personaje.

Por otra parte, es importante decir que el trabajo actoral se complementa con la destacada labor del departamento de arte y vestuario, que fue capaz de dar a estas figuras un cierto aire atemporal, contrastando con las calles de Londres y con las escenas surrealistas de la imaginación propia o de otros. En cuanto a esto último, es imposible no decir que se nota que existe un trabajo de fondo en la creación de estos mundos oníricos que mezclan la estética cinematográfica con una estética pictórica.

“El imaginario del doctor Parnassus” posee un trasfondo y elementos propios del cine de autor mezclados con ingredientes característicos del cine comercial. Esta obra, puede ser vista como muchas cosas y tiene múltiples interpretaciones. Es la clásica representación de la lucha entre el bien y el mal, es una crítica al apresurado ritmo de vida de la actualidad, es una película de fantasía que cuenta con la presencia de reconocidas figuras de Hollywood.

Además de todo esto, es la obra póstuma de Ledger, quien demostró nuevamente su potencial y versatilidad, ya que logró diferenciar a este personaje de sus papeles anteriores, aún teniendo éste matices bufonescos que pudiesen asemejarlo a su, ya célebre, representación del guasón. Así, “El imaginario del doctor Parnassus” será recordada más allá de todas sus lecturas como “Una película de Heath Ledger y sus amigos”, como decidió colocar en los créditos Terry Gilliam.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s